Ella me miraba de reojos, yo la miraba de reojos, mientras una canción de amor flotaba en el aire.
Eran ojos que lo decían todo, miradas que aprendían a cantar.
No tuve más remedio que acercarme a ella, con el corazón en la mano y los sentimientos al desnudo.
Dije “hola” y en ese “hola” temblaron todos mis miedos.
Ella sonrió, y entonces el mundo se detuvo.
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