jueves, 29 de enero de 2015

Días en que la muerte me piensa.

Un sentimiento de extremo desasosiego, una inquietud de proporciones infinitas y solo medible en lagrimas y en cantidad de vacío existencial.
Más o menos eso se siente en los días en que la muerte me piensa, o es lo que se puede decir en pocas palabras.
Cuando tu alma se oscurece y se llena de vacuidades y de pensamientos de muerte, entonces las canciones incandescentes que antes te prendían fuego ya no resultan.
Cuando la tediosa rutina gobierna cada paso, cuando premedita tu aburrimiento diario y te dicta cuando llorar y cuando reír, entonces tu alma está perdida, tu corazón hace rato está muerto y tus huesos lo saben.
Siempre tuve la impresión de que el mundo no era para mí. Lo confirme hace poco. No me lamente ni me puse triste ante tal confirmación. Lo que puede hacer un hombre es poco, lo que puede hacer el azar es mucho. Me tocó esto y no aquello.

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