Es bueno tener en claro que a veces la oscuridad es otra luz y que aun en la ceguera total se puede llegar a ver. Los momentos que parecen mas terribles, aquellos que parecen destruir todo lo que somos, nos reconstruyen, nos combustionan la vida. Luego del gran infierno que parece todo quemarlo la vida se abre paso caminando entre las brasas.
Somos potencialidad. Energía en estado adormecido. Fuego inmenso en forma de llama pequeña. Ardemos tímidamente aun sabiendo que podemos ser la gran fogata que descongele al corazón.
Y entonces llega ese momento oscuro, ese instante salvador que nos despierta. Esa hermosa bofetada que nos despabila, la cruda rudeza de la vida chocándonos a 180 kilómetros por hora. La muerte de alguien demasiado cercano que nos recuerda lo frágiles que somos, la perdida de algún amor, la traición de un amigo que mas que amigo era un hermano, momentos oscuros llenos de luz, instantes fugaces que nos despiertan, momentos que desencadenan una serie de reflexiones que tocan fondo. Y en aquel fondo esa pequeña llama que yacía estática y adormecida estalla. Un big bang interior se desata y tu materia y tu energía se liberan, de pronto sos un universo de posibilidades, una compleja maraña de emociones. De pronto, la vida, la luz.
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