En esta jungla que es la noche me acecha el silencio.
Se mueve agazapado como un león, quiere comerme y yo ansío ser su cena.
Nada de lo que sucede en la noche debería sernos ajeno. Toda esa oscuridad tan propia del hombre cobra protagonismo en las horas que la civilización le ha asignado al sueño, al dormir.
Rebelándose mi cuerpo, poniéndose los ojos del insomnio comienzan las rutinarias reflexiones y las manías del noctambulo digital-virtual, del hombre eléctrico enchufado a las pantallas.
Ya no hay lugares para los sueños, brillan en su ausencia los recuerdos, se mueve eficientemente la mecánica rutinaria de las soledades y la vaciedad de la vida.
Existir en esas horas es el problema, vivir no es nada más que respirar, pero existir es lo difícil. ¿Cómo ser alguien, cómo realizarse en el mundo de las palabras llenas de vacíos, en este universo de imágenes que sofocan a los ojos que ya no observan, esos ojos que ya son parte de la ceguera del mundo, cómo darle sentido a algún sentido cuando la piel esta sin piel, cuando el tacto ya no toca, cómo, puede alguien decirme cómo?
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