jueves, 7 de marzo de 2013

Enloquecer, enloquecer, enloquecer.

Para calmar la sed de mi alma quiero ahogarme en tus humedades.
La solución a mi, siempre sos vos y si no sos vos es algo que hay en tus ojos.
Y sin embargo siempre deduzco, inevitablemente, que no hay quien me complete.
Soy un fragmento de sustancia a la deriva, estoy perdido y me cuesta mucho encontrarme.
Deambular muerto en el mundo de los vivos no es poca cosa, hay que saber deambular.
Transitar calles que muchos caminaron ya y aun así sentirse único.
Gritarle mudamente al universo que quiero comerme al mundo, sonreír como un loco anhelando los sueños que soñé despierto y luego pensar en morir.
No hay soluciones rápidas ni sueños que se cumplan, la realidad es dura y aburrida y yo me golpeo en ella inevitablemente.
Busco un lugar donde quepa mi corazón y todo me parece pequeño.
La gigantesca ambición de comerme a la humanidad entera, vomitar luego restos de odio, de amor y de locura.
¿Cuanto hay de mí en vos? ¿Que tan parecido somos?...  ya me no me alcanzan los pies para caminar tu mundo, sos inacabable, inagotable amor que combustiona quemándome, quemándonos.
Y si el mundo no nos quiero con nuestros mundos dentro de él, no quedara otra que vivir de la ilusión y de los fragmentos de realidad que con ellas se puede hacer.
Hay que estallar, hay que prenderle fuego al paraíso, hay que caerse en el incendio, zambullirse y mojarse con las llamas, hacer humo y cenizas nuestro cuerpo…enloquecer, enloquecer, enloquecer y nada más que enloquecer, negar que un día fuiste cuerdo, enloquecer, enloquecer, enloquecer.

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