Poemas muertos en papeles olvidados, palabras que un día
supieron decirme algo.
Encontrar en un cajón inmortales cuadernos, viejos e
inmortales cuadernos, creer en el tiempo más que nunca, descartar la
posibilidad de que no estoy creciendo.
Leer aquellas palabras y sentir lo niño que era, lo
grande que estoy, sentir la inocencia,
la ilusión de seguir jugando toda la vida.
No se acaba nunca la necesidad de decir, nada nos puede
callar, aun con el silencio decimos tanto, decimos todo.
En ese mudo cajón gritaban los cuadernos, ¿querían
decirme algo o solo llamar la atención?
En todo caso sigo sin entenderlos y con esto quiero decir
que su riqueza aun esta intacta. ¿Acaso no es mucho mejor un vino con el paso
de los años? Bueno algo de esto debe suceder, porque sino como explicar la
belleza de esto que escribí cuando tenía, que sé yo 14, 15 años:
“Un silencio de luna, una noche pintada de estrellas y
sobre todo tu figura infinita poetizando todo “
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